viernes, 25 de abril de 2014

Equilibrium

Mi cigarro se consume y me intento acordar del día que la conocí, es complicado.

En realidad, ni siquiera lo recuerdo muy bien.

Si quizá me asaltó mientras recitaba a Ángel González, o mientras volvía de algún lugar, tampoco recuerdo cual, entre lluvia y pensamientos y mucha música para no escuchar las insulsas conversaciones de los viajeros del autobús.

O quizá mientras estaba besando unos labios, tampoco recuerdo cuales, o después de escurrirme entre unas sábanas, tampoco recuerdo dónde.

Quizá no entendáis a lo que me refiero, pero cuando rocé por primera vez la punta de las yemas de mis dedos con los suyos, la electricidad me encendió palmo a palmo, corrió por mis venas y me inundó el corazón hasta llenarlo por completo, hasta hacerlo más grande. ¡Qué tontería!.. Si apenas habíamos cruzado dos palabras, pero desde ese día respiro más hondo, y pienso más hondo, y vivo, digamos, y que cruel es la retórica, a veces,mucho, mucho más hondo.

Porque cuando la conoces, no puedes volver a vivir en el mundo que ellos han creado, ni amar, como ellos quieren que ames.
Porque cuando la conoces, tampoco puedes ver, con los mismos ojos. Y donde escuchabas silencio ahora se escuchan gritos, pero no me entendáis mal, porque esos gritos son belleza.

Son labios, que gritan por primera vez, y ojos, y mundos, muchos mundos despertando por un impulso de su magnética electricidad de su letargo.

Son ángeles vestidos de negro, que viven. Pero vivir de verdad, notando a cada instante nuestra existencia, y la de muchos otros labios, ojos y mundos que aún siguen ciegos… notando a cada paso la consciencia de que avanzamos, rompiendo con el estatismo que hasta hace apenas segundos, ni siquiera sospechabas que te ataban.

Pobres, de aquellos que aún no la conocen, o no la quieren conocer, pobres aquellos que creen que vuelan sin límites pero chocan a cada instante con un techo de cristal y un muro pétreo y gris de leyes e imposición, de caminos vallados por espinos. ¿pero no lo veis?

Justo detrás de esos muros, de esos espinos, de esos caminos estrechos, de su tiranía a veces inmersa y anclada en nuestros corazones tan férreamente que nos consume, justo detrás de su vasallaje, de nuestro propio vasallaje, de su humillación, nada su hermosura por un cielo, que aquí no tiene límites.

Mírala, ahí esta…. Es la belleza. Es la anarquía.

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